Thursday, November 15, 2007

Mañana puede ser demasiado tarde



Por Dra. Cary Torres Vila


Cuando un niño llora por hambre, el padre y la madre corren a satisfacer sus necesidades. Cuando un pueblo y millones de niños penan cada día por inanición, por falta de alimentos, el mundo permanece expectante, aburrido con más de lo mismo, cuándo más, mira con lástima. Sólo unos pocos corren a socorrerlos; son los que han escuchado el llamado de Cristo Jesús. Esos misioneros, que como la Madre Teresa de Calcuta, arriesgan sus vidas y dan lo mejor de sí para acompañar y auxiliar a los pobres del mundo en su dolor, en esa prueba de amor que el Señor ha puesto a los más débiles, también, los más queridos y que comparten su Pasión. Es una Gran Prueba a nuestra humanidad y amor, aunque solamos mirar desde lo alto del Norte con desdén y buscando explicaciones terrenas para satisfacer nuestra falta de sensibilidad.
Se gastan millones en armas, en lujo, en un derroche científico, que a nadie le hace falta ni impresiona. Se han perdido 300 millones de euros en una sonda europea para estudiar al planeta Marte; ahora la NASA, Agencia de Espacial de los Estados Unidos a lanzado dos más, la primera de forma satisfactoria se mueve por el planeta rojo. Tal vez, la raza humana busque vías para salvar a unos cuantos por la destrucción autoinflingida a nuestro hábitat. ¿Cuántos niños pudiesen haber estudiado? ¿Cuántos puestos de trabajo se hubiesen podido generar en el mundo, tanto desarrollado como subdesarrollado, para los desempleados del “primer mundo”, los marginados del “tercero” y los emergentes del “segundo”? ¿Cuánto gasta Rusia, Estados Unidos y Europa en proyectos que tienen como primer objetivo lo militar? ¿Cuánto derrocha el mundo en investigar si hay vida extraterrena, cuando deja morir la terrena sin inmutarse? Es hora de poner los pies sobre la tierra y priorizar tareas. Es hora de que el mundo y su capa dirigente se hagan responsables de los problemas que de forma global afectan a la humanidad. Dios no perdona el desamor, porque Dios es todo Amor.
Nadie recuerda a los niños de Cuba. En ninguna de las veladas de la Televisión Española de recaudación para proyectos dirigidos a la infancia de los países menos favorecidos en el orden social se menciona a los niños cubanos; incluso, en una de ellas se firmó sobre los Estados Unidos. Las firmas bailaron por Honduras, El Salvador, Nicaragua, Dominicana y era como si la Isla de Cuba no existiera en el mapamundi. Señores, eso ha sucedido en un programa de la Televisión Española, de esta España que llevamos impregnada en nuestro ADN, en nuestra forma de ser y actuar.
Los niños de Cuba están envueltos en una gran mentira. Los niños de Cuba no aparecen en las estadísticas internacionales entre los que pasan hambre, entre los que tienen amenazado su desarrollo corporal y psíquico por desnutrición y malnutrición. Esos niños anémicos, bajos de peso y estatura para su edad, a los que se les engaña el estómago con polivitamínicas en jugo en las escuelas del Oriente cubano, a los que en La Habana se les lleva al médico para que certifique el estado paupérrimo de su alimentación para que el Comandante tenga la amabilidad de venderles un kilo de arroz, una libra[1] de chícharo (guisante maduro en grano) y una libra de espagueti (algo menos de medio kilogramo) al mes sobre su reducida y racionada cuota mensual. Niños que van a la escuela sin tomar un vaso de leche. Niños que almuerzan comidas inmundas en comedores escolares, sin proteínas ni condimentos. Damas y Señores del Mundo, Dios les pide que miren con misericordia a los niños cubanos, a los hambrientos que no existen. También pide un pompero para cada niño cubano; niños a los que les fue arrebatado el Santo Día de los Reyes Magos, niños que no saben que en su país los Reyes eran pródigos.
No sólo pido por los niños cubanos, sino por todos los niños de la Tierra, por esos niños que miran al cielo con ilusión, buscando su estrella. ¡Sé su estrella en este planeta Tierra! ¡Sé reflejo de la Misericordia Divina, colabora con el Señor, tu Dios!

Santander, 8 de enero de 2004, hora: 13:34

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Wednesday, November 14, 2007

¿Un economista revolucionario?

La Dra. Cary Torres Vila, quien en su calidad de Escritora Literaria suele usar en pseudónimo de Andrea Tutor, ex-Profesrora de la Universidad de La Habana, la que tras su temprana jubilación reside en España, y ostenta las dos nacionalidades, respondió de forma airada, pero coherente y categórica a la intervención del Investigador del CIEM, que se presentó en una universidad sueca como "un economista revolucionario" y Profesor de la Universidad de La Habana. Lanzó preguntas esclarecedoras.

I

Días atrás, me detuve a leer y escuchar fragmentos de la intervención de un supuesto profesor de la Universidad de La Habana, en una Universidad sueca, aparecidos en la Revista Digital Cuba Nuestra, que dirige el periodista cubano Carlos Estefanía. El ponente principal se identificó como "un economista revolucionario" y Profesor de la Cátedra de Economía Política de la Universidad de La Habana.
Hasta el 31 de octubre de 1997, yo formaba parte de la Cátedra de Economía Política de la Universidad de La Habana, en mis últimos cuatro años de trabajo universitario y, con anterioridad, mantuve una estrecha relación con los profesores de Economía. Incluso, en la primera mitad de los ´80, al iniciar mi trabajo como Profesora e Investigadora en el Centro de Investigaciones de Economía Internacionales (CIEI), adscrito a la Facultad de Economía Política, cuya Decana era la Dra. Delia Luisa López, quien más tarde se incorporó al Centro, en que yo trabajaba, adscrito a la Rectoría, Centro de Estudios sobre el Desarrollo (DES, posteriormente, Proyecto FLACSO-Cuba), mi contacto con los profesores de Economía Política era sistemático. Hasta la fecha de mi jubilación, en 1997, el sr. José Ángel Pérez no formaba parte del claustro universitario y dudo que pertenezca a él en la actualidad.

Repito, José Ángel García Pérez no era profesor de Cátedra de Economía Política de la Universidad de La Habana. Posiblemente, tampoco lo sea ahora, sino que en algún momento puede haber desempeñado la función de profesor externo contratado o haber dado algún curso por prestación de servicio, como yo lo di, en 1985, en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, ISRI, pero nunca dije ser profesora de dicha institución. Sólo fui Profesora de la Universidad de La Habana , a pesar de haber sido colaboradora del Centro de Investigaciones de Economía Mundial (CIEM), haber participado de asesorías al Consejo de Estado de la República de Cuba, al Centro de Estudio de América, al Departamento de América del CC PCC y otros organismos a nivel nacional.

Al parecer, José Ángel García Pérez es Investigador del CIEM, que dirige el destacado Economista cubano, Osvaldo Martínez, Profesor Titular Adjunto de la Universidad de La Habana, quien sí procede de la Universidad de La Habana, al igual que el actual Vice-Presidente y Ministro de Economía, Dr. José Luis Rodríguez, quien a su vez ostenta la categoría de Profesor Titular Adjunto y fue Director del CIEI y, luego, Sub-director del CIEM hasta ser nombrado Ministro de Hacienda, en el momento que se recurrió a los expertos para que el barco no se fuese a pique, para tratar de mantener el sistema y el poder de Fidel Castro. Los principales ministerios, encargados de la recuperación económica, pasaron a ser formados, sus principales cuadros dirigentes, por profesores de la Universidad de La Habana: el Dr. José Luis Rodríguez asumió Hacienda con la Dra. Prof. Mirtha Villanueva de brazo derecho y el Lic. Osvaldo Martínez fue encargado de presidir la Comisión Económica de la Asamblea del Poder Popular (mal llamado Parlamento Cubano) y de organizar el Ministerio de Economía recién instituido. Al enfermarse, José Luis le sustituyó en la cartera de Economía y formó el Ministerio, siempre con Mirtha apoyándole no sólo con su profesionalidad, con su saber organizar, su dinamismo, sino también con toda su jovialidad, la que le falta a José Luis, hombre serio, sobrio y exquisito, muy disciplinado, un gran estudioso.

Ningún otro investigador del CIEM, que no hubiese sido, con anterioridad, Profesor de la Universidad de La Habana tenía categorización docente, así como los profesores adjuntos no forman parte del Claustro Universitario. Pongo en duda la categoría de Profesor Auxiliar del visitante a la Universidad sueca. Ciertamente, en la Universidad ha habido durante años dificultades para ascender en categoría docente. Se daban las plazas a cuentagotas y para una plaza había un número importante de profesores a tiempo completo optando y todos con condiciones para ocuparla. Por ejemplo, desde 1984, yo ostentaba la categoría de Profesora Asistente y, con independencia de mi Doctorado, mis evaluaciones anuales de excepcionalmente positivo o Excelente, casi todos los años, y formar parte de centros de investigación, que con mucha frecuencia eran el Colectivo Científico Más Destacado de la Universidad de La Habana y de trabajar destacadamente entre sólo Profesores Titulares, y con una participación importantísima dentro del libro que sería Premio al mejor Libro Científico Publicado por la universidad de La Habana y Premio Nacional de la Ciencias Sociales en Cuba, no se me categorizó entre 1984 y 1997. En el año 1997, se sacó una sola plaza para la Cátedra de Economía Política de Profesor Auxiliar y habíamos unos cinco profesores optando. Al hacerse evidente, y supongo por órdenes del dr. Vela, entonces Rector, que se me tenía que dar a mí y lo que deduje de la conversación con el presidente de la comisión de categorización, quien me sugirió dejar parte de mis últimos escritos para cuando se sacara la plaza de Profesor Titular tener cosas nueva para pedirla y solicitar una excepción, se me excluyó por mi pensamiento no coincidente con el régimen. Si en la Universidad de La Habana, estuviesen las categorías como pasteles a la puerta de un colegio, tal vez, con algún codazo, este Investigador hubiese podido alcanzar alguna, pero no por la forma de su exposición y de mostrar conocimiento. Ciertamente, muchos somos mejores escribiendo que hablando, pero debemos conocer nuestras limitaciones.

Al mirar las fotos del actual Centro de Investigaciones de Economía Mundial (CIEM), para comprobar si el sr. José Ángel era Investigador de la institución (como se señalaba en la revista digital Misceláneas), me llamó la atención la ausencia de sus más brillantes investigadores, los investigadores estrellas de ese centro de estudios del Consejo de Estado, por lo menos, en su época inicial; la ausencia de los que hicieron crecer su prestigio.

Muchas caras nuevas para mí en el CIEM y muchas de generaciones más jóvenes, pero siempre un Centro de personal científico reducido ¿Dónde están Carriazo y Cuscó? Ya sabemos, que Héctor Heras en la primera mitad de los '90, al igual de Mabys Álvarez, se quedó en los Estados Unidos durante un viaje de trabajo; que Mauricio Miranda fue expulsado en los '80 por homosexualidad, en abierta violación de los derechos humanos, al registrársele sus pertenencias, una gaveta, y leer sus cartas personales, pertenecientes a su supuesta pareja masculina. He oído que anda por Colombia este brillante Economista. Pedro Monreal, tras el CIEM, pasó por el CEA y por el CIEI; Baró hizo el periplo contrario.


Por suerte, al mirar las fotos en Internet todavía puedo alegrarme al ver a Ramón Pichs, como Sub-Director, quien en su momento fue mi alumno, un magnífico estudiante con inquietudes investigativas, que creció y se consagró como Científico Social entre las paredes del CIEM. Me sonreí al ver a Gladys Hernández, especialista en la región asiática, graduada, como yo, del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú dos cursos más tarde y que conmigo estuvo entre las autoras de las obras ganadoras en el Concurso Pinos Nuevos en su 2ª edición de 1995, quien de no haber sido investigadora hubiese reinado en el bello canto; así como ver que Osvaldo ha logrado mantenerse estable al frente del Centro. Otros rostros me son menos conocidos, pues se incorporaron posteriormente y coincidimos poco, al pasar , yo, a la Sociología Rural por limitárseme mi trabajo en el área de las Relaciones Económicas Internacionales, a raíz de mi regreso de la Universidad de Ámsterdam y la publicación de un ensayo en relaciones económicas internacionales, que ponía en evidencia la crisis económica y social de Cuba, en momentos en que el régimen la negaba, y pronosticaba la debacle del sector azucarero cubano y la crisis general al arrastrar al resto de la economía; pronóstico no aceptado, en su momento, por los mejores especialistas cubanos, por los expertos en mercado azucarero y que me costó la represión política y laboral, factor desencadenante de mi enfermedad cardiaca y desestabilización.


Entre los investigadores del Grupo de Comercio, Integración y Desarrollo del CIEM, he visto mucho más joven que la foto de Suecia a José Ángel García. Primero dudé, que fuese él, porque el de Suecia me pareció mayor que yo, y el del CIEM es mucho más joven. Se le ve más joven en 2002, supongo, incluso que Gladys, la que es menor que yo. Tal vez, las condiciones de Cuba, a pesar de su pertenencia a un Centro con elevados privilegios, que en Cuba no son más que relativos, hayan hecho que este relativamente, aún, joven economista e investigador nos dé la imagen de un hombre mayor, no muy alejada del carpintero, que acaba de salir tras arreglarme la cocina, que está pensando en jubilarse a los 62 años. A José Ángel García se le ve cansado, como si estuviese al final de la jornada.


Rogaría a José Ángel García y a otros, que no son profesores de la Universidad de La Habana, que no pertenecen a su Claustro, no presentarse como tales en universidades y centros de investigación en el extranjero y, mucho menos, presentarse como si fuesen científicos, como intelectuales objetivos y altamente calificados, como suele estar conformado el Claustro de la Universidad de La Habana, del cual me dignifico de haber sido parte. Sé, que esto ha constituido una práctica habitual de los observadores del régimen. Exijo respeto para los profesores de la Universidad y que se respete el prestigio de la Universidad de La Habana.

Dudo, que la Universidad de La Habana, centro con elevado prestigio académico y una tradición cercana a los tres siglos, Centro Rector de la Educación Superior en Cuba, haya concedido la categoría a un señor, que no se presenta así mismo como el Licenciado o el Doctor José Ángel García Pérez , Profesor de la Universidad de La Habana. Nosotros en Cuba y, en particular, dentro de nuestro Claustro Universitario, estamos conscientes de nuestro status social, el cual no necesariamente se corresponde con el nivel de ingresos económicos, y sabemos y sentimos, que formamos parte de la más elevada capa social, la élite social. No todo el mundo puede decir: "Yo soy Profesor de la Universidad de La Habana". Por tanto, un Profesor de la Universidad de La Habana, jamás, se presentará como "un economista revolucionario", con independencia de su pensamiento y su filiación política. Los profesores de la Universidad de La Habana estamos conscientes, hayámoslo sido o lo continúen siendo, de nuestra preparación, de nuestro primer deber: ser objetivos, mostrar alto nivel intelectual, y los que no lo son, por lo menos, guardan la apariencia.


Por supuesto, que, al igual que en toda universidad, el Claustro de la Universidad de La Habana no es homogéneo. No obstante, la Universidad de La Habana se ha encargado de alimentarse de lo mejor del pensamiento intelectual cubano, con el privilegio preferencial de poder observar y escoger a sus mejores graduados. Algo así como el derecho a la primera oferta, en este caso opción.

Su discurso en Suecia, con independencia de los planteamientos de carácter militante, fue verdaderamente flojo; sus respuestas, evasivas y simplistas. No se abrió al diálogo o lo temió. Sé que no es fácil dialogar con personas que sustentan un pensamiento diametralmente opuesto, y hasta enemigo. Pero al salir de Cuba sabía, que tenía que ir preparado para la contienda. Y la mejor preparación es ser objetivo.
II

¿De cuál consenso habló José Ángel García? Lo primero que necesita una sociedad para salir en busca del consenso es una verdadera apertura, es abrirse al diálogo político y social. Para ello, es necesaria la condición democrática. Ésta implica, entre otros, la separación e independencia de los poderes, la pluralidad de partidos, la garantía de los derechos civiles y políticos, la garantía de las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho, celebración de elecciones periódicas libres y pluripartidistas; la alternancia del poder, establecer límites de tiempo en el poder, garantizar la estabilidad jurídica; la responsabilidad y probidad en el ejercicio público, así como acceder al poder en base a un programa claro y definido, y rendir cuenta periódicamente y existir la posibilidad de retirarle la confianza al gobierno.

No puede haber un consenso real, donde no hay libertad de pensamiento, de expresión, de reunión y asociación; donde la prensa está controlada y pertenece sólo al régimen. Estos no son sólo enunciados, sino una necesidad objetiva para un diálogo. Diálogo, que en 1992, exigí en reunión con el Vice- Rector Dr. Mario Luis y otras; diálogo con la participación de todos los cubanos con independencia de su ubicación geográfica; diálogo, que necesita de la apertura de las fronteras, como hizo Pinochet en Chile durante seis meses antes de aplicar el referéndum. Existe en Cuba una necesidad ineludible de aplicar un referéndum bajo control y asesoría internacional, con una etapa previa de apertura política total.
Un diálogo político no es un conjunto de reuniones dentro de las organizaciones de masa del régimen totalitario, por lugar de residencia o centro de trabajo. Además, el pueblo cubano tiene la experiencia reiterada de que sus opiniones en este tipo de reuniones, más tarde, pueden ser usadas en su contra y/o pueden permitir la supervivencia de su condición de "esclavos modernos", para utilizar una frase, que se le escapó al propio Fidel Castro, con los micrófonos abiertos, en el Palacio de las Convenciones de La Habana.
El pueblo cubano, con independencia de su ubicación, tiene necesidad de buscar un consenso. Las autoridades de La Habana, los organismos internacionales y gobiernos tienen la obligación moral de contribuir a la apertura, a la búsqueda del consenso por vía pacífica. Pero ante todo, las autoridades de La Habana y sus enviados al exterior tienen que saber, que ha llegado la hora de la democratización de Cuba, de lo contrario, Cuba no se detendrá hasta llegar a convertirse en un Haití. Considero, que los que ostentan el poder en Cuba deben sentarse a meditar con la mano en el pecho, cómo juran las mujeres la bandera, y poner por delante los intereses de la nación cubana, los intereses de la preservación de la identidad nacional, los intereses de un crecimiento no solo en bienestar, sino en valores. Hago un paréntesis para apuntar, que el crecimiento material no implica necesariamente un crecimiento moral, a veces el proceso es completamente inverso. Sé, que es necesario preservar las mejores virtudes de las personas decentes en Cuba, asumirlas como patrón a recuperar, a alcanzar y nunca poner como meta los malos ejemplos aprendidos en otras latitudes.

Yo soy, sumamente, crítica con el proceso revolucionario cubano, al cual conozco desde su interior, dentro del cual me he educado la mayor parte de mi vida; donde se dio una coyuntura favorable para mi crecimiento humano e intelectual. Hace casi dos décadas que a mí me preocupa la educación de los niños cubanos, que me preocupa el hecho de los patrones de triunfadores a nivel de pueblo: ser prostutituta o prostituto, ser "piguerito", ser lacayo o bandido. Veo cómo personas decentes se debaten por sobrevivir día a día; se apagan. La única vía de salida para los cubanos, que se sienten asfixiados, con independencia de las familias en que hayan crecido, es la salida al exterior; es buscar dinero para sobrevivir y para que no mueran sus hermanos que quedaron en Cuba. Conozco personas integradas al régimen y que se sienten agradecidas a éste, que han tenido que tomar la decisión de quedarse en el extranjero, porque no soportaban más al régimen y la situación de penuria, falta de oportunidades y libertades; que si bien no lo atacan, no niegan que el resultado es un desastre. Hay muchos que se han vuelto locos por haber superado su límite psicológico. Hay muchos cubanos que han muerto, que si hubiesen vivido en otras condiciones estuviesen vivos, como yo, que me estaba muriendo hace 7 años y no tenía apenas energías para vivir.
Bien saben, los Profesores de la Universidad de La Habana, que han trabajado conmigo o han tenido relación de amistad o trabajo, los investigadores de los centros de estudios del Partido y del CIEM, que me conocen, que jamás he tenido tendencia al poder, que no soy una persona preocupada por temas políticos y que mi relación hacia la sociedad es de estudio, observación y búsqueda de soluciones, de disparar alarmas, cuando existen problemas, aún, antes de ser vistos por otros. Cuba perece y no es por culpa externa, sino porque los procesos internos han sido detenidos, han sido manipulados y han sido obstruidos. Porque nuestra población se está descalificando al no contar con las nuevas tecnologías al alcance de todos los profesionales y en las escuelas, en las bibliotecas; porque la información sigue controlada por casi medio siglo. Bien saben, los universitarios, que mi corazón sufre y se agota por Cuba.

III

José Ángel García señalaba, con reiteración, la necesidad de mantener lo logrado, algo que vengo escuchando desde principios de los '90. Yo le preguntó:
¿Qué es lo que para él es necesario mantener? ¿Cuáles son los logros? ¿Y qué queda de los logros de la Revolución Cubana? ¿Qué se perdió con la Revolución Cubana?¿A qué costos se alcanzaron, décadas atrás, altos niveles de educación y salud, avances en el plano laboral?.
Además, José Ángel, para comenzar una negociación es necesario reconocer los traumas de la sociedad cubana y pedir disculpas por los atropellos cometidos en nombre de esa Revolución.
No es normal que en Cuba sin haber mantenido una guerra con los Estados Unidos, casi 50 años después, se siga con un enfrentamiento y fomentando hostilidades, cuando Viet Nam, donde se arrojó napal, se masacraron aldeas, etc., ha logrado restablecer las relaciones con los Estados Unidos en 1995. ¿Acaso es el enfrentamiento con los Estados Unidos de América lo que mantiene la justificación de la permanencia en el poder de un régimen represivo, militarista, intervensionista y totalitario? ¿Acaso es el diferéndum con los Estados Unidos lo que ayuda al régimen a obtener simpatías internacionales? Realmente, es infantil y aberrante semejante situación con un país vecino, en el que habita y ha encontrado cobijo de forma digna casi dos millones de cubanos y que en mucho no ha dejado morir de hambre a los que están en la Isla? Con una Habana frente a otra Habana separadas por el Estrecho de la Florida.
Cuba y las sociedades socialistas tienen mucho que enseñar al mundo en materia laboral, de educación, sin incluir la ideologización de los temas sociales; en materia de igualdad de géneros, de humanismo dentro del sistema de salud; igualdad de oportunidades con independencia de la procedencia social, la raza y el sexo. Mas, Cuba tiene mucho que aprender de democracia, de respeto a los derechos humanos, de desmilitarización, en materia de anticorrupción, de libertades, de aprovechamiento de los recursos humanos y naturales.

Bien, pero si no logran ponerse de acuerdo los que, sustentando el poder socialista, viven como capitalistas, y me dijesen, que no es posible vincular lo bueno de uno y otro sistema, yo me quedaría con el capitalismo, pero con un capitalismo menos consumista; con un capitalismo con menos luces, humo y coches, con menos propaganda, menos necesidad de vender una imagen, sin necesidad de forzar nuestras personalidades para satisfacer al circo social.
Yo me quedaría con un capitalismo sostenible, sostenible para todos los miembros de este planeta, un capitalismo que tenga en cuenta una mejor distribución de recursos a nivel planetario, un capitalismo que no haga que nos comportemos cual tambochas; un capitalismo que logre la estabilidad territorial y de los individuos en sus territorios no por la fuerza o coacción, sino porque las personas sientan que allí se puede vivir dignamente.

¡La única y verdadera patria, que existe, es el mundo! Y dentro de él, el lugar en que cada humano se sienta satisfecho, dónde encuentre posibilidades de realización. Yo me quedaría con un capitalismo cuyos estados no se comporten como propietarios de la fuerza de trabajo, donde los empleadores no tengan que pagar por dar empleo más allá que los salarios y los necesarios seguros y, con ello, se fomentarían más puestos de trabajo; un capitalismo, en el que se planteara, en los países más desarrollados, la reducción del horario de trabajo, pues a los niveles de productividad actuales se puede ir a las 6 horas de trabajo y el resto pasar a ser un empleo parcial para otro individuo.
Tal vez, yo tenga que repetirme en el futuro, pero, hoy, José Ángel García me ha obligado a pensar y escribir sobre algunas cuestiones, que me preocupan.

Cuba debería plantearse la tarea de aproximar a sus hijos, debería plantearse la tarea de volver a sus raíces, entendidas como las raíces de nuestra identidad nacional, la española, como identidad dominante, con algunos tintes afro como identidad subordinada. De hecho, la sociedad cubana y cada uno de sus miembros no se identifican con África, ni siquiera aquellos ciudadanos de piel negra. En Cuba, las personas de origen español, casi todos, saben sus orígenes o tiene una noción de los lugares de dónde proceden sus abuelos o bisabuelo. Mientras que el origen africano sólo se trasluce por el color o algunos rasgos, pero no existe un conocimiento real de los orígenes más allá del sincretismo religioso y su reflejo en la cultura, alentado por la política cultural de la Revolución Cubana. Cualquier investigador serio coincidiría conmigo en este aspecto. Cuba no puede, y no debe, jugar a utilizar el componente racial para garantizar la permanencia en el poder.

Eso sí, los cubanos de la Isla y los seres de pensamiento más avanzado del exilio deben poner rodilla en tierra, para que las fuerzas reaccionarias del exilio, retrógradas y que mantienen su mente en los cánones de los '50, con un fuerte prejuicio racial, en algunos muy acentuado en Europa, no impongan una sociedad arcaica, que no responda a los avances sociales logrados en los países más avanzados en este sentido. Un ser humano sea negro, chino, mulato, trigueño, castaño o rubio no es más que un ser humano, un hijo de Dios. Su valor, por encima de su condición humana, sólo debe depender de su riqueza individual, expresada en sus valores éticos, virtudes y probidad, en su saber hacer, en su instrucción y ejecutoria laboral.

Invito a los ciudadanos de Cuba, dónde quiera que se encuentren, a trabajar por la unidad nacional, a anteponer los intereses de la nación y de cada individuo en su calidad de humano a sus ambiciones personales. No más cubanos repartiéndose cargos en el exterior o suponiendo que su hijo debería ser el Ministro de Exteriores de Cuba, como lo esperaba mi viejo amigo d. Raúl Álvarez, que en la Gloria está.
¿Acaso no hay personas que han estudiado diplomacia entre los cubanos? ¿Acaso no hay políticos de experiencia entre los cubanos de ambas partes? ¿Acaso no hay generaciones de intelectuales y tecnócratas preparados para realizar el tránsito del régimen totalitario a una sociedad democrática?
No hablo de un tránsito permanente, como José Ángel Pérez, el que me ha dejado perpleja al enunciar, que Cuba ha retomado el período de tránsito del capitalismo al socialismo. Por Dios, yo pensaba, que había vivido en una sociedad socialista durante casi toda mi vida estudiantil y laboral. Resulta, que casi 50 años después, en 2007, se aparece en Suecia un llamado "economista revolucionario", que me habla de mis clases de Historia del PCUS y de Economía Política del Socialismo, la que ya yo me había negado a impartir en la Universidad de La Habana en 1996.
¿Cómo hablarle a un cubano o a un ruso, a estas alturas, de la NEP (Nueva Política Económica), sin estar impartiendo una clase de Historia?

Por último, invito a José Ángel García Pérez a revisar su especialización. Pues, se puede estar especializado en un área geográfica, rama o temática. Por ejemplo, yo soy Economista en Relaciones Económicas Internacionales, con especialización en Comercio Exterior del MGIMO-Universidad, por mis primeros estudios universitarios, y Doctora en Ciencias Económicas de la especialidad de Economía de los Países en Desarrollo y especialización en América Latina del IAL de la Academia de Ciencias de Rusia. Jamás, se me ocurriría añadir ningún otro calificativo a mis estudios de Economía, a mi carrera profesional. No diría que soy una Economista cristiana, sino que soy cristiana y Economista.

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