Thursday, November 15, 2007

Mañana puede ser demasiado tarde



Por Dra. Cary Torres Vila


Cuando un niño llora por hambre, el padre y la madre corren a satisfacer sus necesidades. Cuando un pueblo y millones de niños penan cada día por inanición, por falta de alimentos, el mundo permanece expectante, aburrido con más de lo mismo, cuándo más, mira con lástima. Sólo unos pocos corren a socorrerlos; son los que han escuchado el llamado de Cristo Jesús. Esos misioneros, que como la Madre Teresa de Calcuta, arriesgan sus vidas y dan lo mejor de sí para acompañar y auxiliar a los pobres del mundo en su dolor, en esa prueba de amor que el Señor ha puesto a los más débiles, también, los más queridos y que comparten su Pasión. Es una Gran Prueba a nuestra humanidad y amor, aunque solamos mirar desde lo alto del Norte con desdén y buscando explicaciones terrenas para satisfacer nuestra falta de sensibilidad.
Se gastan millones en armas, en lujo, en un derroche científico, que a nadie le hace falta ni impresiona. Se han perdido 300 millones de euros en una sonda europea para estudiar al planeta Marte; ahora la NASA, Agencia de Espacial de los Estados Unidos a lanzado dos más, la primera de forma satisfactoria se mueve por el planeta rojo. Tal vez, la raza humana busque vías para salvar a unos cuantos por la destrucción autoinflingida a nuestro hábitat. ¿Cuántos niños pudiesen haber estudiado? ¿Cuántos puestos de trabajo se hubiesen podido generar en el mundo, tanto desarrollado como subdesarrollado, para los desempleados del “primer mundo”, los marginados del “tercero” y los emergentes del “segundo”? ¿Cuánto gasta Rusia, Estados Unidos y Europa en proyectos que tienen como primer objetivo lo militar? ¿Cuánto derrocha el mundo en investigar si hay vida extraterrena, cuando deja morir la terrena sin inmutarse? Es hora de poner los pies sobre la tierra y priorizar tareas. Es hora de que el mundo y su capa dirigente se hagan responsables de los problemas que de forma global afectan a la humanidad. Dios no perdona el desamor, porque Dios es todo Amor.
Nadie recuerda a los niños de Cuba. En ninguna de las veladas de la Televisión Española de recaudación para proyectos dirigidos a la infancia de los países menos favorecidos en el orden social se menciona a los niños cubanos; incluso, en una de ellas se firmó sobre los Estados Unidos. Las firmas bailaron por Honduras, El Salvador, Nicaragua, Dominicana y era como si la Isla de Cuba no existiera en el mapamundi. Señores, eso ha sucedido en un programa de la Televisión Española, de esta España que llevamos impregnada en nuestro ADN, en nuestra forma de ser y actuar.
Los niños de Cuba están envueltos en una gran mentira. Los niños de Cuba no aparecen en las estadísticas internacionales entre los que pasan hambre, entre los que tienen amenazado su desarrollo corporal y psíquico por desnutrición y malnutrición. Esos niños anémicos, bajos de peso y estatura para su edad, a los que se les engaña el estómago con polivitamínicas en jugo en las escuelas del Oriente cubano, a los que en La Habana se les lleva al médico para que certifique el estado paupérrimo de su alimentación para que el Comandante tenga la amabilidad de venderles un kilo de arroz, una libra[1] de chícharo (guisante maduro en grano) y una libra de espagueti (algo menos de medio kilogramo) al mes sobre su reducida y racionada cuota mensual. Niños que van a la escuela sin tomar un vaso de leche. Niños que almuerzan comidas inmundas en comedores escolares, sin proteínas ni condimentos. Damas y Señores del Mundo, Dios les pide que miren con misericordia a los niños cubanos, a los hambrientos que no existen. También pide un pompero para cada niño cubano; niños a los que les fue arrebatado el Santo Día de los Reyes Magos, niños que no saben que en su país los Reyes eran pródigos.
No sólo pido por los niños cubanos, sino por todos los niños de la Tierra, por esos niños que miran al cielo con ilusión, buscando su estrella. ¡Sé su estrella en este planeta Tierra! ¡Sé reflejo de la Misericordia Divina, colabora con el Señor, tu Dios!

Santander, 8 de enero de 2004, hora: 13:34

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